El estado del bienestar será tecnológico o no será.

Creado el 2015-07-10 09:20:14 por Adriana Martínez Sans

Por Juanjo Goñi, socio de APTES.

Los debates acerca de la sostenibilidad del estado del bienestar están en los temas cotidianos de las noticias económicas, políticas y sociales. Motivos demográficos, de reducción de los trabajadores que cotizan, y cambios en los periodos de recepción de retornos de tipo contributivo y no contributivo hacen que se hagan unas cuentas donde los números no salen. La siguiente vía de pensamiento de parte de los economistas nos lleva a reformar los sistemas impositivos para que haya más recursos económicos y tal vez otra distribución de las prioridades.

El modelo económico opera con la ecuación simple de a más prestaciones más dinero y por consecuencia más impuestos. O si tenemos los mismos ingresos - aumentarlos no es posible-, cambiamos la asignación y las prioridades de lo que distribuimos. Pero hay un agente transformador de enorme importancia en la evolución de las sociedades actuales que es la tecnología. La realidad de los cambios que la tecnología está ya imponiendo en los modelos de trabajo, servicios y acceso a los recursos parece que no entra en la ecuación de suma y resta de políticos y economistas, y tal vez por ello estamos desatendiendo una línea de acción que debería ser parte sustancial de la vía de solución a este y a otros problemas de empleo y recursos sociales.

Viendo que la provisión de servicios que el estado del bienestar proporciona tiene mucho que ver con la educación, la salud, la ayudas al empleo, los servicios sociales, la atención a personas con desarraigo, y otros más, y que todos ellos tienen un componente de interacción personal y de gestión de información, cabe esperar que la revolución tecnológica pueda dar una respuesta adecuada. Sin embargo vemos que el sector público no ha tomado con tanto interés y visión como el privado este recurso tecnológico -que duplica su capacidad cada 18 meses- para reordenar procesos aligerando estructuras y costes, y potenciando las capacidades de los servicios. El sector bancario, modélico al menos en este tema, ha logrado dividir por 200 los costes de las operaciones bancarias en 20 años.

Sin embargo el ámbito de lo público no ha sabido o podido aún hacer este aprovechamiento tecnológico. Quizás en la parte del control y la recaudación va mejor, pero en la faceta prestadora de servicios su desempeño tecnológico deja mucho que desear, y esto conduce a una relación entre los recursos impositivos disponibles y los resultados en los servicios sociales nada halagüeña. Esto se observa en los comparativamente bajos presupuestos tecnológicos de las áreas no económicas frente a las económicas en los organismos públicos, en la dependencia de las capacidades tecnológicas de las áreas económicas y en el bajo nivel de modernización de los servicios públicos en las áreas de información, que no sean las impositivas, como justicia, educación, atención social.

Cambiar este rumbo es fundamental si queremos que con los mismos o menos recursos podamos elevar el nivel de prestaciones de un moderno estado del bienestar. La sociedad va asimilando estos medios tecnológicos, y sólo si se hace un esfuerzo singular y rápido, podremos seguir disponiendo de un estado de bienestar que opere tecnológicamente tan bien como lo hacen los sistemas económicos privados y públicos. Para ello hacen falta tres cosas.

En primer lugar, una incorporación de políticas tecnológicas intensas en la reordenación, simplificación e integración de los servicios y procesos públicos de prestación basados parcialmente en información, que derivan en unas inversiones significativas –no gasto- y en unas capacitaciones importantes a dotar a los profesionales públicos.

En segundo lugar, una oferta sencilla y práctica a la población para el acceso y uso de estos servicios, con una dinámica educativa en estas tecnologías que sirven además para el desempeño profesional de los ciudadanos y en definitiva para la competitividad.

Y en tercer lugar una reorientación de la investigación aplicada a las innovaciones en los servicios públicos y a sus procesos operativos. Esta línea de acción es muy importante pues es también una gran vía de creación de productos y servicios que crearán empleo del futuro. En nuestro espacio económico y en general en todo el mundo el beneficio que reporta la tecnología en reducción de costes y en innovación creando nuevas posibilidades o resolviendo problemas vigentes, está dirigido por el sector privado que lo comercializa y  que luego lo vende al sector público. De este aprovechamiento empresarial del conocimiento, se obtiene beneficios y se genera trabajo, de los que se deducirán posteriormente impuestos para sostener el estado de bienestar.

El estado de bienestar, en Europa y en nuestro entorno, es el espacio de investigación más importante al que tenemos que dar respuesta inminente. Las tecnologías de la información, la robótica, la biomedicina, la inteligencia artificial, los drones, las nanotecnologías y otras más, son recursos potenciales con los que orientar la investigación en torno a la calidad de vida de las personas e impulsar un enfoque urgente de una tecnología social al servicio de lo público, que puede cohabitar ventajosamente con la tecnología industrial a la que ya estamos ya acostumbrados.

Los países que sepan orientar intensamente la tecnología hacia la calidad de vida, serán poseedores pioneros de unos activos de conocimiento que serán demandados después por otros países. La sostenibilidad del estado del bienestar es una cuestión económica a corto plazo y sobre todo tecnológica a medio y largo. 

Publicado en Noticias de Gipuzkoa el 9 de julio de 2015

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