¿"Fracking" o "Aitoning"?

Creado el 2015-04-29 12:53:39 por Adriana Martínez Sans

Texto de Juan José Goñi Zabala, miembro de APTES publicado en el nº 0 de la revista Donostia Lagunkoia

          No sabemos cómo se llamará pero tendrá nombre. Nos referimos a la organización social de los próximos 50 años en los que convergen dos tendencias imparables como son el desarrollo tecnológico, sobre todo en el uso de las tecnologías de la información en todos los ámbitos de la vida y el trabajo, junto con un crecimiento de la esperanza de vida de la población de nuestro entorno. Esta colisión emergente y su consideración influyen en el acierto de las iniciativas públicas y privadas con las que queremos resolver los problemas de hoy y encarar los retos del futuro.

          Cuando llegue y será pronto, 1 de cada 3 ciudadanos tendrá más de 65 años, y todo cambiará. Surgirá un potencial de capacidades nuevas, distintas de las habituales. No será ya nunca mano de obra y empleo de por día, serán capacidades y experiencias hoy abandonadas que tendrán que encajar en otras formas de resolver las demandas sociales de consumo y bienestar. Serán capacidades nunca empleadas para necesidades vitales muy diferentes. “Aitoning” es sin duda una oportunidad y un reto de innovación social. No es solo hacer ciudades amigables para los mayores, sino que serán otras ciudades en su vida cotidiana.

          ¿Pero dónde estamos? Podemos calificar nuestra situación social y económica como la de un país europeo con una renta superior a la media, un grado de asociacionismo social importante, con un sistema empresarial que opera en régimen de competitividad suficiente, con una mayor vocación industrial en su historia, construido sobre un perfil de trabajo con alto compromiso y calidad, dentro de un nivel tecnológico bueno, y un grado de autogobierno que permite orientar lo público y privado con ciertas singularidades.

          Pero además, Gipuzkoa y Donostia con la población más envejecida de Euskadi se enfrenta a una situación nunca abordada ni aquí ni en otros lugares del mundo, salvo Japón. La oportunidad es la de crear algo con sentido, no copiar como recurso fácil, no seguir la moda, sino de ser originales, innovar y atreverse a diseñar un nuevo orden social con recursos y necesidades distintas a las habituales, con éxito para los de hoy con una transformación pensada y con un futuro quehacer para los que vienen.

          El factor determinante del futuro de un pueblo en una sociedad mundial que tiene un desarrollo tecnológico muy rápido es la renovación y educación de la población. La ventaja de las poblaciones muy jóvenes es que han de adquirir los nuevos medios tecnológicos de modo natural desplazando en competencias profesionales y economía material a las poblaciones más envejecidas. Las ventajas de las poblaciones más envejecidas es que son ellas con sus soluciones, las que han de condicionar la evolución social de las más jóvenes, y por tanto las sociedades envejecidas son la cabeza de carrera en la evolución de la calidad social de los pueblos del mundo.

          El “error vasco” sería que discutamos sobre el “fracking” en los medios e incluso en el parlamento, y no estemos dedicados colectivamente a hacer del “aitoning”, la organización sociotecnológica de la población y de los nuevos atributos de la riqueza social, con intención de ser una referencia internacional en innovación social. Este diseño social es nuevo, contiene nuevas formas de relación entre personas y colectivos, sistemas educativos nuevos, modalidades de trabajo inimaginables, organización comunitarias singular para servicios de salud y sistemas de transporte. Y este reto tecnológico y social lo es porque los productos y servicios para cubrir esta demanda son de carácter complejo, con necesidades de integración de las ciencias de las cosas y de las ciencias sociales, de la salud física y mental, y muy cercanos a los modelos de orientación a la persona, su dignidad y su singularidad.

          La solución inteligente y colectiva a nuestras circunstancias singulares será un activo nuevo que otros adquirirán en el futuro, no sólo en productos o servicios sino en modelos de relación, gestión y organización social. La ventaja de ser pequeños consiste en poder cambiar y evolucionar con mayor flexibilidad y contar desde ya con el “Aitoning” como la mayor industria de Euskadi, el país que envejeció sabiendo hacer de ello un modelo de desarrollo social y con ello creó el futuro de sus jóvenes.

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