La sociedad del Cuidado

Creado el 2015-06-03 11:45:19 por Adriana Martínez Sans

Texto de Juan José Goñi Zabala, miembro de APTES. 

“Lo que compras te pertenece, lo que cuidas forma parte de ti”. Esa debiera ser la primera lección de economía que reciba un colegial de 7 años en primaria, en su primera aproximación a la economía, para entender la relación de las cosas con su propia existencia. Aunque esta afirmación es una obviedad que todos entendemos y vivimos, no es lo que se enseña a los pequeños. Más bien el mensaje exclusivo es que la economía es transacción, donde la oferta y la demanda regulan los precios, y quien más dinero tiene, puede operar a favor de su interés, comprando más y con más ventajas. Enseñamos que quien más tiene, es más rico, y con ello, hacemos ejercer a los peques el sentido de poseer compitiendo por ello, y apenas les inculcamos el valor del cuidar a las personas y al entorno.

Manos de niños pintadas de colores

Si la comparación social es el mecanismo que nos impulsa a actuar mediante la referencia sistemática con los otros, tenemos que ir a estas raíces del pensamiento y de las convicciones colectivas, para desde ahí cambiar los modos de comportarnos y de hacer la sociedad y su diseño. Solo así, podemos transformar para el futuro. Si la diferencia social se construyera a través de los que se es y no de lo que se tiene, y si lo que uno cuida le hace ser quien es, y lo explicamos y vivimos, cambiarían casi todas las cosas. El modelo mental aprendido que nos ocupa la cabeza es el generador de los juicios, valoraciones y comportamientos sobre lo que es importante. Y desde aquí es donde se construyen las pautas y comportamientos habituales.

De poco sirve decir que estamos en un sistema que no funciona por la desigualdad en la distribución de muchos recursos, prerrogativas, derechos y oportunidades, si mantenemos la vocación de que se es más si más se posee. Lo que ocurrirá con el cambio es que la posesión cambiará de manos, y vuelta a empezar como ya lo llevamos viendo muchos siglos, pero todo sigue parecido. La posesión no tiene límites ya que los registros de propiedad, el dominio por la fuerza del que tiene más medios y los armarios que almacenan objetos pueden ir hasta el infinito, pero lo que uno cuida está limitado por su propio tiempo, su interés y por la dedicación a lo que cuida. El cuidado nos iguala mientras que la posesión nos separa.

Este concepto de cuidado se extiende por el medio ambiente y debe considerar el valor de cuidar el entorno natural, no sólo para mantenerlo sino para mejorarlo. No degradar el medio ambiente es una necesidad, pero es mejor entender que es una obligación a distribuir entre la población para un mejor ser parte de ese mejor medio ambiente, que es lo que en realidad somos. Y este concepto de cuidado se extiende también a la empresa y a las organizaciones donde el cuidado de los otros -compañeros de propósito- redunda en la capacidad de emprender acciones colectivas con sentido. El cuidado del cliente es también atención y empatía. En definitiva lo que se predica para conseguir una fidelización sincera y mutua con otras personas, que esté lejos del engaño o del aprovechamiento del cliente como un instrumento del que extraer recursos económicos de una forma más o menos inteligente.

El mayor activo del cuidado que se puede enseñar es la educación en el cuidado, ya que esta será la que genere el propio autocuidado –físico y mental- y el cuidado de los demás. Educar para ser más en la sociedad del cuidado es habituar en la comprensión y en la elección libre de que el ser, es más que el poseer. Y de que se es a través de lo que uno valora y lo que uno valora es en síntesis lo que cuida o aquello a lo que le dedica su tiempo y energía.

Vamos, y nos lo recuerdan casi todos los días, a una sociedad donde la demanda de cuidados –por envejecimiento y educación de jóvenes y mayores- van a crecer muy rápido, y no podemos pensar que a través de la monetarización de estos servicios o de impuestos crecientes se va a resolver la disponibilidad de recursos públicos para estas necesidades. Estamos abocados en estos recursos a una precariedad manifiesta, aún resolviéndose los problemas graves que observamos de dispendio de los recursos económicos públicos y privados.  Las soluciones ante problemas de gran magnitud pasan por retomar los principios y rehacer criterios sociales, sentando las bases de otros marcos donde la economía de la posesión, no sea el centro de la valoración social en la que nos fijamos. “Dime lo que y a quién cuidas, y te diré lo que eres, y el reconocimiento que mereces”. La meritocracia del cuidado es una forma distinta de valorar a las personas en una sociedad, necesariamente más cercana a las condiciones de las personas, y a sus necesidades de socialización y calidad de vida.

Manos entrelazadas de una persona mayor y una más joven

Tal vez estemos lejos de esto, pero quien pueda orientar las decisiones a favor del valor del cuidado en general, como orientador de las decisiones económicas y políticas, estará construyendo las bases de una sociedad que vendrá de una forma u otra. Anticiparse a lo inevitable es una buena forma de avanzar innovando y aprender antes. No es evidente aún como hacerlo, nos falta mucho para avanzar en el diseño social, pero podemos empezar ya y seguro que trazaremos un camino sólido que otros seguirán.

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