Los seis capitales. Por Juanjo Goñi, socio de APTES.

Creado el 2011-08-22 13:31:06 por Adriana Martínez Sans

Se dice que decidimos a última hora y frecuentemente cuando nos cansamos de pensar. Cuando llegan los momentos de decidir nos falta tiempo y más aun capacidad de pensar sobre lo nuevo. La premura de la imposición de unos tiempos tasados para hacer las cosas, nos sorprenden –siempre muy ocupados- y optamos por lo mas emocional. Esto suele ser un pequeño cambio superficial -de seguir igual- por el miedo a lo nuevo, y muchas veces como no tenemos mucho criterio actuamos para castigar a alguien -ese no-.Los cambios con propuestas mas profundas requieren haber reflexionado sobre otras opciones fuera del plano de pensamiento habitual. Ya lo decía Einstein: “No podemos resolver problemas si no salimos del plano de pensamiento donde se han creado”. Esto es difícil, pero es el ejercicio recomendable para conseguir acercarnos a lo que pretendemos. Hay que hablar de lo que no existe y esto requiere un tiempo de reflexión y diálogo. Este ejercicio de ver mas allá y ver desde mas lejos nos ayuda a situarnos mejor ante las decisiones y a calibrar el impacto de lo que podemos elegir o decidir hacer

Recurriremos una vez más a la social ficción para pensar sobre la importancia de los activos sociales y su naturaleza. Nuestra historia reciente ha elevado el valor social de uno de los activos de la sociedad por encima de los demás y es el relativo a la posesión de recursos. Esta tesis es quizás la explicación subyacente de la deriva social de nuestros días que no viene de ahora, pero ahora requiere una reconsideración profunda. Los dos últimos siglos han servido para crear capacidades de producir y de consumir como nunca se había imaginado nadie. La maquinaria social sobre la educación, el reparto del tiempo, los reconocimientos sociales, los hábitos, las aspiraciones, el  poder,  y los símbolos se han organizado alrededor de este activo en detrimento de los demás. ¿pero cuáles son los otros cinco? Si nos ponemos delante un cubo de Rubik y lo imaginamos como el contenedor del capital social,  veremos que hay seis caras y en ellas cuadrados con mezclas de seis colores. Son los seis capitales con los que evaluamos las oportunidades, creamos nuestros proyectos, educamos a nuestros hijos, dedicamos nuestro tiempo. Cada asunto en nuestra vida esta tintado de seis colores –los seis capitales-, pero nos dicen insistentemente que solo existe uno importante, el económico.

Los seis activos sociales son el capital económico, el capital conocimiento, el estado de salud -física y emocional-, el capital cultural y de creencias, el capital ecológico o ambiental, y el capital relacional o de confianza. Estos activos responden a nuestra naturaleza antropológica de humanos como seres sociales emoracionales con percepción del tiempo –pasado y futuro- y residentes en un planeta biológicamente desarrollado y ocupando un espacio evolutivo junto a  múltiples especies.

Los activos orientados al futuro son dos. Los recursos materiales y el conocimiento. Estos dos capitales sociales forman una parte importante del progreso material y del avance en las formas de vida. Ambos sirven para asegurar la permanencia en lo que viene, lo desconocido. Los recursos económicos para permitir intercambiar bienes y mantener la actividad en momentos de baja capacidad de generar recursos, y el conocimiento –cada vez más importante en momentos de cambio- para prever y resolver problemas de cualquier índole.

Como seres sociales que somos valoramos otros dos activos – de la socialización- que nos permiten cubrir nuestras necesidades de pertenencia a grupos, mas allá de sentirnos individuos aislados. Los dos siguientes capitales son el capital emocional-salud y el  cultural. El primero se traduce en el bienestar personal que sienta las bases de la felicidad y este es un capital que lo traducimos por calidad de vida, que mueve muchas decisiones personales y laborales. Por otra parte están las creencias colectivas, las emociones grupales, el desarrollo de elementos culturales, los ritos, los símbolos, las reglas de conducta, y los reconocimientos que conforman  la identidad y del sentimiento de pertenencia en los grupos humanos. Son los activos culturales y artísticos que nos vinculan emocionalmente.

Y los otros dos capitales provienen de nuestra relación con el entorno. Las relaciones sociales no son sólo grupales e intraespecie. Lo son también personales y extraespecie. Somos seres insertos en redes de relación próxima con otros humanos –cada vez mas- y con la naturaleza. Formamos parte de un ciclo biológico evolutivo con relaciones de cooperación y competición entre nosotros y los medios naturales. Son los dos últimos capitales y colores del cubo de Rubik. El capital relacional o de confianza entre personas–el quinto-  y el capital ecológico o de armonía en entorno vital, como ultimo de la lista. El capital relacional en sentido positivo está fundamentado en la confianza y en sentido negativo en el engaño y la explotación por dominio de unos sobre otros. Nos interrelacionamos con un medio vivo que es la naturaleza en su expresión global y este sexto capital se fundamenta en la armonía del medio y con el medio.

 Si observamos lo cotidiano, las propuestas sociales, la crisis y las medidas de cambio vemos que los seis capitales están en danza. Movemos el cubo de Rubik de un lado para otro pero no sabemos si avanzamos hacia la solución –mejor modelo social- o nos alejamos de ella. Lo que tenemos claro es que la combinación vigente de estos capitales no es la que idealmente queremos. Tenemos esta sensación – al ver los movimientos sociales- de una gran desorientación en un mundo complejo y veloz. Un proyecto público nos anuncia grandes cambios en un lado del capital social y por otra parte vemos que crea grandes problemas en otros aspectos. Parece sin embargo que como tónica general hemos sobrevalorado el capital económico, los capitales de lo tangible, en el cubo de Rubik. El capital recursos y lo económico como agente regulador de lo importante no está en armonía en intensidad y en superficie con los otros cinco capitales. Así la economía del futuro que maneje este nuevo cubo de Rubik será muy distinta y se llamará de otra manera -quizás exonomía (ver www.noticiasdegipuzkoa.com -29 de mayo de 2008)-.

Si sabemos que hay seis capitales sociales nos será más fácil ordenar nuestras valoraciones y hablar de todos ellos ante las propuestas de cambio a las que nos vamos a enfrentar. Elegir entre opciones no es fácil. A veces hay que renunciar a ganar en alguno para ganar en otros, y a veces merece la pena consumir alguno en el corto plazo para crear reservas de otros para peores tiempos. En definitiva -como decía Einstein- intentemos elevar el punto de vista desde el que vemos lo que viene, si queremos soluciones de mejor contenido y de cierta garantía de cambio social.

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