Necesitados de cooperar y enseñados a competir

Creado el 2015-04-08 12:12:30 por Adriana Martínez Sans

 
Una semana más publicamos un nuevo texto creado por el socio de APTES, Juanjo Goñi:
 
Parece a todas luces que debe haber un cambio de mentalidad hacia la búsqueda de soluciones comunes, en estos momentos donde los recursos se hacen escasos y el aprovechamiento de los mismos para construir el futuro deviene esencial. Pero no es lo que vemos hacer, sino más bien lo contrario. Todos sabemos que no es fácil cambiar el paso al que estamos acostumbrados y con el que hemos vivido que es el de la competición como fuente ficticia del progreso. Seguramente el progreso colectivo está basado más en el uso creciente del conocimiento y de la tecnología que en la competición entre empresas o países.  
 
Los modelos de relaciones en los que estamos educados en grados muy distintos son tres: la relación de dependencia o de dominio, donde unos mandan sobre otros, la relación de competición basada en la negociación sobre un recursos idéntico, donde el más fuerte domina, y por último, la cooperación como forma constructiva de obtener más de una relación de intercambios de valor para las partes.
 
 
El primero de los modelos, el de la dependencia, se impone en muchas de las enseñanzas donde el poder que se otorga a una parte, permite la existencia de una dependencia y situación asimétrica en derechos y deberes entre dos personas u organizaciones. Cuando esto se extiende mucho, estamos en estructuras opresoras en muchas acepciones tales como las económicas, de servidumbre, de segregación, de prerrogativas, y de privilegios. Todos ellos aceptados en la educación cultural que nos clasifica en grupos y colectivos sociales con derechos distintos de facto. Este modelo es negado en los papeles pero en realidad contiene muchos de los esquemas con los que operamos en lo cotidiano.
 
El segundo, el de la competición, es el que lleva a enfrentamientos destructivos en muchas veces y en otras es fuente de mejora. Nos enseñan a competir desde la infancia en los colegios con las notas, en las pruebas deportivas con los resultados, en las empresas con los objetivos personales, y en la política con los votos. Nos dicen que solo así, nos sentimos motivados por el logro y  que el móvil es el logro personal activando un mayor individualismo, prescindiendo del vecino como alguien con quien conseguir más. Cuando la competición se realiza sin muchos recursos, lleva a una exaltación de las desigualdades, y no crea mejora ya que los que pierden -que son los más- no tienen oportunidad de recuperarse. Es la regla base de la economía de los recursos escasos, el uso por quien tiene más capacidad o poder de decidir sobre ellos.
 
Las reglas de la cooperación son otras muy distintas e incompatibles con las de la competición por los recursos sobre los que se negocia. La cooperación se fundamenta en una ética de distintos, no de iguales y recursos limitados, donde lo constructivo desde la relación e interés del otro da más que los recursos que cada uno aporta. La cooperación debe ser constructiva y creadora de nuevos recursos de valor no solo tangibles, en donde nos movemos hacia una negociación creativa de intereses y no de posiciones de partida inamovibles.
 
No hacemos sino ver en la prensa situaciones de dominio donde la corrupción anida fácilmente lejos de la visibilidad y de la transparencia que la cooperación exige, vemos también situaciones de negociación destructiva a través de fuerzas de poder defendiendo posiciones contrapuestas sobre un mismo objetivo. En estos casos, está presente la destrucción o el deterioro del otro como objetivo para predominar o dominar en el espacio compartido, en este caso de la economía, la opinión pública o política. En todas ellas abunda la falta de respeto, la ocultación de intereses, la manipulación de la información, y las acusaciones envenenadas y encadenadas. Si la cooperación debe sustituir a gran parte de estas relaciones, tenemos para muchos años de educación y de transformación de hábitos sociales. Quizás un efecto no negativo de la crisis es la depuración de estas prácticas y la visibilidad de posibles espacios de cooperación que pueden crear nuevas relaciones y formas de convivencia más avanzadas y humanas en sentido de valor social.

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